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De lo local a lo global: cómo las marcas colombianas están llegando a nuevos mercados

Sanchez Monroy Legal Partners
hace 21 horas
4 min de lectura

Colombia tiene mucho más para ofrecer al mundo que café, flores y paisajes. Detrás de muchos de los productos que representan nuestra identidad hay emprendedores, diseñadores, profesionales y pequeñas empresas que están encontrando nuevas maneras de llevar sus ideas más allá de las fronteras. Hoy, gracias al comercio electrónico, las redes sociales y las nuevas formas de hacer negocios internacionalmente, una marca que comienza en Colombia puede encontrar clientes a miles de kilómetros de distancia. Canadá es un buen ejemplo de este fenómeno.



Una nueva generación de marcas colombianas


Para muchos emprendedores colombianos, llegar a un mercado internacional ya no requiere necesariamente abrir una oficina o establecer una tienda física en otro país.

Una presencia digital, una estrategia de comercio electrónico y una buena comprensión del mercado pueden ser suficientes para comenzar a construir una audiencia internacional.

Pero internacionalizar una marca es mucho más que vender un producto en otro país.

Significa entender nuevos consumidores, adaptar la comunicación, considerar diferentes sistemas de pago y distribución y, en muchos casos, aprender sobre las reglas que aplican cuando una actividad comercial cruza fronteras.

Y, al mismo tiempo, existe algo que las marcas colombianas no deberían perder en ese proceso: su identidad.


Llevar un pedacito de Colombia a nuevos mercados


Una de las grandes ventajas de las marcas colombianas es precisamente aquello que las hace diferentes.

Los colores, los diseños, los materiales, las historias y las tradiciones pueden convertirse en elementos de valor para consumidores que buscan productos con personalidad y una historia detrás.

Esto es particularmente interesante en mercados multiculturales como Canadá, donde conviven comunidades provenientes de prácticamente todos los rincones del mundo.

Para muchos colombianos que viven fuera del país, además, comprar productos colombianos puede tener un significado que va más allá del producto mismo.

Puede ser una forma de mantener una conexión con sus raíces.


Zoma: una idea colombiana que nació en Canadá


Un ejemplo que nos resulta especialmente cercano es Zoma Boutique, una marca que nació de la experiencia de dos mujeres colombianas que, como muchas otras personas, decidieron comenzar una nueva etapa de sus vidas en Canadá.

Después de migrar, surgió la idea de crear una empresa que conectara esa nueva realidad con sus raíces colombianas.

Así nació Zoma: de la combinación entre una experiencia migratoria, una identidad colombiana y el deseo de construir algo propio en un nuevo país.


La historia de Zoma representa algo que vemos con frecuencia en las comunidades migrantes: las personas no dejan atrás necesariamente sus conocimientos, su cultura o sus ideas cuando migran. Muchas veces, llevan todo eso consigo y encuentran nuevas formas de transformarlo en oportunidades.

En este sentido, Zoma no es solamente una marca que busca llegar a nuevos consumidores. También es un ejemplo de cómo la experiencia de migrar puede convertirse en el punto de partida para una nueva idea de negocio.


Cuando migrar también significa crear


Migrar implica comenzar de nuevo en muchos aspectos.

Un nuevo país, nuevas costumbres, nuevos sistemas y, en ocasiones, una nueva forma de entender el trabajo y el emprendimiento.

Para algunos migrantes, ese proceso también abre la puerta a preguntarse:


¿Qué puedo construir en este nuevo lugar sin dejar atrás quién soy?


Las respuestas pueden ser muy diferentes. Algunos profesionales continúan desarrollando sus carreras; otros crean servicios, productos, comunidades o empresas.

Las marcas creadas por inmigrantes tienen, además, una característica particular: suelen estar construidas desde una perspectiva que combina dos mundos.

Conocen las necesidades y los códigos de su país de origen, pero también han aprendido a desenvolverse en el mercado de su nuevo país.

Esa combinación puede convertirse en una ventaja.


Canadá: un mercado de oportunidades y diversidad


Canadá ofrece un entorno particularmente interesante para las marcas internacionales.

Su población multicultural significa que existe espacio para productos provenientes de diferentes países y culturas. Al mismo tiempo, consumidores canadienses que no tienen una conexión directa con Colombia pueden sentirse atraídos por productos diferentes, auténticos y con una historia propia.

Para los emprendedores colombianos, esto representa una oportunidad, pero también un desafío: entender que entrar a un nuevo mercado requiere adaptarse sin perder aquello que hace especial a la marca.

La internacionalización, en ese sentido, no necesariamente significa cambiar quién eres.

Muchas veces significa aprender a contar mejor tu historia.


De Colombia al mundo


El crecimiento internacional de una marca no ocurre de la noche a la mañana.

Detrás de una empresa que logra llegar a nuevos mercados normalmente hay decisiones relacionadas con estrategia, logística, marketing, comercio electrónico y, dependiendo de la actividad, diferentes aspectos legales y regulatorios.

Pero también hay algo menos tangible: la capacidad de identificar una oportunidad y atreverse a cruzar fronteras.

La historia de Zoma forma parte de una tendencia más amplia: la de colombianos que han migrado a otros países y que, desde sus nuevas comunidades, continúan creando, emprendiendo y llevando consigo una parte de Colombia.

Y quizás ese sea uno de los cambios más interesantes que estamos viendo actualmente.


Lo local ya no tiene que quedarse local.


Una buena idea, una identidad de marca fuerte y una historia auténtica pueden ser el comienzo de una historia internacional.


En Sánchez Monroy Legal Partners creemos que la movilidad internacional no se trata únicamente de trasladarse de un país a otro. También implica las nuevas oportunidades, proyectos y conexiones que pueden surgir cuando las personas construyen sus vidas en nuevos lugares.


Historias como la de Zoma muestran precisamente esa otra dimensión de la migración: la posibilidad de transformar una experiencia internacional en una nueva etapa personal y profesional

 
 
 

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